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Al fin empezó otro año. Un nuevo curso lleno de ilusiones y sueños, un alumno de primaria comentaba a su preceptor lo siguiente (por supuesto lo transcribimos con el permiso de ambos), -"D. Fulano ya verá como este año me salgo, ya verá qué notas voy a sacar, ya verá mi equipo en la olimpiada escolar, ya verá, me apuesto con usted lo que quiera a que este año conseguimos el objetivo que nos habíamos fijado usted y yo el año pasado y que casi casi, por poco no lo conseguimos, verá, este año SÍ"-
Gran comienzo de curso el de este alumno, así debe ser la primera piedra del edificio de este año; con optimismo (se le oía hablar con entusiasmo), con humildad (habla de objetivos pactados con su preceptor, para que éste le ayude), con conocimiento de sus limitaciones (cuenta con la experiencia del curso pasado), y sobre todo con sinceridad y ganas. Pero lo mejor es que esta primera piedra es tan sólo la primera, las demás llegarán en el puente de diciembre, en los primeros exámenes de evaluación, en la dura vuelta de Navidad, en febrero, marzo; cuando la cuesta aumente su pendiente, la ilusión y los sueños se pondrán a prueba, es entonces cuando su preceptor le recordará la "vibración" de estos días y le enseñará la virtud de la fortaleza. Será momento de ayudar a este alumno, como a todos los de Torrevelo, y enseñarle a no perder de vista sus metas, sus objetivos, pese a que en algún momento pesen.
En Torrevelo cada alumno protagoniza su propio aprendizaje y es responsable, de manera proporcional y acorde a su edad, a sus compromisos; por eso Torrevelo está cuesta arriba, porque todo lo bueno cuesta.
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